Por María Elena Zúñiga*
¿Sabías que hacer ejercicio puede ayudarte a sentirte más libre, seguro y cómodo contigo mismo? Además de fortalecer el cuerpo, la actividad física puede favorecer el bienestar emocional y, en el plano íntimo, contribuir a una mayor satisfacción sexual.
Entrenar el cuerpo también ayuda a calmar la mente, fortalecer la seguridad personal y mejorar el estado de ánimo. De acuerdo con la psicóloga Amairani Figueroa, especialista del Hospital General de México, Eduardo Liceaga, el ejercicio favorece una mayor conexión entre mente y cuerpo.
“El ejercicio nos obliga a coordinar nuestra respiración, a sentir los músculos, a estar en el aquí y el ahora”.
Desde el punto de vista psicológico, explica, esta conexión permite que la mente se concentre en el presente y mejore la percepción corporal, lo que también puede favorecer la sensibilidad y la capacidad de disfrutar las experiencias placenteras.
“El ejercicio mejora los estímulos y, por consecuencia, los órganos se vuelven más fuertes. Además, la mente está verdaderamente en el momento presente y, en un momento íntimo, no está presente la ansiedad”.
En otras palabras, mientras el cuerpo está activo, la mente tiene menos espacio para quedarse atrapada en pendientes, preocupaciones o pensamientos negativos. “El cerebro no está pensando en los pendientes de mañana; está disfrutando el momento”, señala la especialista.
Entrenar el cuerpo también es entrenar la mente
Hacer ejercicio no significa únicamente mover el cuerpo. También puede convertirse en una herramienta para aprender a desconectarse de las preocupaciones y reconectar con las sensaciones.
“Hacer ejercicio no sólo es mover el cuerpo, es entrenar la mente para dejar de pensar y empezar a sentir”.
La seguridad corporal también juega un papel importante. Cuando una persona se siente cómoda con su cuerpo, puede disminuir la autocrítica y concentrarse más en sus propias sensaciones. “Estás centrada en lo que sientes porque empiezas a tener seguridad en tu cuerpo”, afirma Figueroa.
La especialista considera que la actividad física no debe verse únicamente como una cuestión de apariencia o vanidad. Sus beneficios también alcanzan el bienestar emocional, la autoestima y la relación con el propio cuerpo.
“El ejercicio es una herramienta económica y efectiva para ganarle a la ansiedad, reconciliarnos con nuestro cuerpo y mejorar la conexión con el placer y la salud mental aplicada a la intimidad”.
Esta aceptación y reconocimiento del propio valor también forman parte de necesidades humanas fundamentales. En la teoría de la jerarquía de necesidades de Abraham Maslow, la sexualidad forma parte de las necesidades fisiológicas básicas.

Menos estrés, más espacio para el placer
El estrés elevado puede afectar distintas áreas de la vida y hacer que dejemos de disfrutar actividades que normalmente nos generan bienestar. La vida sexual puede ser una de las primeras en verse afectadas.
Cuando aparecen el estrés o la ansiedad, salir a caminar, ir a un parque o simplemente mover el cuerpo puede ser una manera sencilla de comenzar a liberar tensión y recuperar el equilibrio emocional.
Figueroa explica que la exposición constante al estrés y a niveles elevados de cortisol puede mantener al organismo en un estado de alerta que dificulta la relajación y el disfrute.
“El estrés derivado del trabajo, el dinero y otras preocupaciones produce demasiado cortisol en el cerebro”, señala.
En un momento de intimidad, una mente dominada por la ansiedad puede permanecer en una especie de “modo supervivencia”, concentrada en las preocupaciones y no en el placer. La actividad física, en cambio, puede ayudar a reducir la tensión y generar una sensación de bienestar.
“El ejercicio es como si fuera el freno de mano que detiene al estrés”.
Por eso, cuidar el estado emocional también significa cuidar la salud física y sexual. “Disfrutar la vida nos produce seguridad y autoestima, y nos permite tener una vida sexual plena”, destaca la psicóloga.
Sentirse bien en el propio cuerpo también importa
La actividad física puede influir además en la manera en que una persona percibe su propio cuerpo. Y esa percepción puede tener un impacto directo en la intimidad.
“Cómo te percibes determina cómo te dejas amar”, afirma Figueroa.
La especialista destaca que quienes realizan ejercicio pueden experimentar una mejor percepción de su cuerpo incluso antes de observar cambios físicos importantes frente al espejo.
“Las personas que hacen ejercicio mejoran la percepción de su propio cuerpo de inmediato, incluso antes de ver cambios físicos reales en el espejo”.
Esta mayor confianza puede ayudar a disminuir los pensamientos relacionados con la apariencia durante un encuentro íntimo y permitir que la atención se concentre en las sensaciones.
“Si te sientes fuerte y cómodo en tu propia piel, apagas la voz de la autocrítica que te juzga durante la intimidad. Te dejas ver y te dejas tocar más. Pasas de estar pensando en cómo te ves a concentrarte en cómo te estás sintiendo”.

Si te interesa profundizar más esta información, la especialista te recomienda las siguientes lecturas:
Ratey, J. J. y Hagerman, E. (2019). Spark: La revolucionaria nueva ciencia del ejercicio y el cerebro. Amat Editorial.
Nagoski, E. (2019). Tal como eres: La sorprendente nueva ciencia que transformará tu vida sexual. El Jinete Azul.
De Béjar, S. (2021). Deseo: Aprendiendo a disfrutar de nuestra vida sexual y afectiva. Planeta.
* Licenciada en Ciencias de la Comunicación, UNAM.
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