Por María Elena Zúñiga
Dani de Gyves es una mujer trans de 29 años. nació en Juchitán, Oaxaca, pero, creció en la Ciudad de México. Su familia al ser cristiana tuvo dificultades para comprender su identidad sexual. También vivió violencia y discriminación en el sistema educativo por lo cual paso por muchos cambios de escuela durante su infancia y adolescencia. Maestros y directores no comprendían su condición trans, incluso la llegaron a culpar por no ajustarse a la definición de género.
Estando en la capital del país, de Gyves se desenvolvió en muchos barrios, donde conoció a otras mujeres trans y travestis y junto a ellas vivió la normalización de la violencia en su vida y las dificultades de la inclusión social, cayendo en cuestiones de adicción y depresión, llegando a tener en esos momentos el pensamiento de creer que no había una esperanza de vida debido al desconsuelo de lo que le esperaba en el futuro. Toda la culpa la interiorizó.
Fueron ciclos muy dolorosos para Dani, pero gracias a su gusto por la escuela consiguió una beca para estudiar psicología en una universidad privada y ahí se preparó cada vez más y decidió compartir la información con grupos sociales donde tampoco faltó la transfobia. Desde su formación la joven se orientó a la parte clínica estudiando psicoanálisis para entender los procesos del funcionamiento mental normal o patológico.
Al entrar al mercado laboral como psicóloga clínica continuaron los patrones de violencia, estigma y discriminación hacia ella. No obstante, resistió la adversidad y gracias a su tenacidad ahora se dedica a dar terapia clínica a otras mujeres trans, sintiéndose contenta de ofrecer un acompañamiento en sus procesos de reafirmación de género.
A los 27 años, la experta comenzó con su proceso de tratamiento hormonal y luego de dos años, ya se siente a gusto consigo misma y con posibilidades diferentes. Después de muchos esfuerzos, por fin logró tener una identidad y con ello retomó sus planes y deseos de vivir. “Hoy en día, estoy plena, contenta, con algunos momentos no siempre buenos, pero si una vida más satisfecha”, dice.

A de Gyves le ha tocado ver con tristeza la violencia estructural que hay en la sociedad hacia ellas y con personas muy cercanas, pero lo que ha trabajado la hace sentirse bien.
Para ella, la lucha de las mujeres trans sigue porque traen muchas cosas en el cuerpo. Éso las empuja a reunirse, organizarse y ver por otras compañeras, aunque aclara (con pesadumbre) que algunas de ellas ya “no están” porque les han quitado la vida.
El deseo de Dani es seguirse preparando y realizar una maestría en subjetividad y violencia para entender muchas complejidades sistemáticas, además de viajar y tener una vida donde compruebe que sí es vale la pena disfrutar cada momento.
A las chicas trans les sugiere quitarse la narrativa de la tragedia porque tristemente las transiciones son muy solitarias, “la sociedad las ha hecho así”. Desde su opinión es necesario abarcar más espacios en la sociedad y apropiarse de ellos. “Existen muchos casos de ellas, donde han interiorizado la culpa, la transfobia, éstos son grandes problemas, pero se pueden procesar. El propósito es que todas las personas no tengan miedo de ser como son”.
