Por María Elena Zúñiga
Igual que las parejas heterosexuales, las familias encabezadas por lesbianas se preocupan porque las criaturas coman, vayan a la escuela, tengan una educación en casa, no intercambien el cubrebocas con el compañero, tengan una vida sana y feliz cuenta Ana de Alejandro García, activista, feminista, lesbiana y madre.
Puede ser que en los hogares haya lesbianas más conservadoras que decidan bautizar a los hijos, llevarlos a su primera comunión y participar en las actividades de la familia extendida, y otras con un feminismo radical que busquen criar a sus hijos en una “comuna”, pero lo mismo sucede con las heterosexuales, “hay de todo”.
En México y el resto del mundo muchos hijos han sido criados entre mujeres; la mamá y la abuela, la mamá y la comadre, la mamá y la tía. El deseo lo tiene quien quiere vivir la maternidad, “algunas parejas conformadas por mujeres pueden o no querer tener hijos”.
Generalmente las lesbianas que deciden ser madres, lo logran por medio de un embarazo al interior de la pareja más que por la adopción a fin de compartir sus genes con sus hijos.
En el tema de adopción todas las personas solteras en México pueden hacerlo independientemente de su identidad de género u orientación sexual, sin embargo, los trámites todavía se manejan “a criterio” de las trabajadoras sociales, las cuales muchas veces no discriminan de manera abierta a las parejas del mismo sexo, pero sí les ponen pretextos y no permiten la entrega de los infantes en la mayoría de los casos.
Gran parte de la aceptación social de este tipo de familias tiene que ver con los medios de comunicación afirma de Alejandro. Ellos contribuyen a la educación de la población, y si tocan los temas de forma conservadora, la sociedad recibe la información con el mismo sesgo. Ante esa situación la activista dice que si las empresas de comunicación hablarán de manera objetiva y franca acerca de todos los tipos de familias y diversidades de crianza que existen sería más fácil su aceptación colectiva.
Si se explicara a las personas que la homosexualidad prevalece por lo menos en el 5% de la población total del país, se entendería el por qué se necesita el matrimonio igualitario. Además, se tendría que enfatizar que “no es una enfermedad”. No se pueden hacer terapias para corregir la identidad de género, ni incumplir el respeto a sus derechos humanos. “No se puede dejar fuera ese porcentaje de población sin el ejercicio de sus derechos”.
En el aspecto legal, en México ya existe el matrimonio igualitario en los 32 estados por lo tanto dos madres pueden contraer matrimonio en cualquier momento, sin embargo, sólo en la mitad de ellos pueden registrar a sus hijos e hijas.
En los códigos civiles de cada uno de los estados falta establecer que no sólo haya matrimonios, sino todos los derechos derivados de ellos como el registro (acta de nacimiento) y el reconocimiento de hijos e hijas de madres autónomas.
En un contexto de rechazo y discriminación, vale destacar que la población de lesbianas vive con mayor intensidad la exclusión. Son menos aceptadas en comparación con los hombres gay de tal forma que sufren más violaciones colectivas y una constante invisibilización, dice de Alejandro. “Se habla poco de la marginación dirigida en específico hacia las lesbianas porque es una población que ni siquiera se considera. Se difunde más la discriminación de los hombres gay y de las mujeres trans, pero no de lesbianas porque están invisibilizadas”.
De Alejandro opina que toca seguir visibilizando a las familias lesbomaternales porque lo que no se nombra no existe. Hay familias diferentes y en constante cambio, además”.

Nadie tiene derecho a poner estándares, “cada persona tiene derecho a vivir como necesita vivir, de acuerdo a su propia identidad, corporalidad, etc. Hay una diversidad de identidades y una interseccionalidad de puntos en la sexualidad”, suraya la activista: Ana de Alejandro García.
