Por María Elena Zúñiga
El voguing intenta imitar las poses de las modelos de la famosa revista Vogue, acompañado de música poderosa. Fue creado hace varias décadas por las personas negras, mujeres trans, hombres gay y afrolatinos más pobres del barrio de Harlem en Nueva York. Justamente una mujer trans alzó la voz a esta forma de expresión corporal frente a la discriminación, creando un espacio para los grupos marginados lejos de las personas blancas.
Los ballrooms eran los salones de baile donde se hacían competencias de baile con diferentes temáticas, además ahí realizaban competencias por categorías para que los participantes ganaran premios o se celebraran entre ellos. Madonna lo hizo un hit mundial con su tema Vogue.
Actualmente, el voguing es una danza que se estructura de poses con tres variantes: el Old way, el New way o el Vogue femme. Tiene dos dimensiones: la dancística porque a partir del cuerpo se expresan y cuentan historias y también se hace política (los bailarines la efectúan como forma de protesta y de orgullo de su cuerpo, su piel e identidad).
“Se hace política porque a través del físico pues se busca visibilizar identidades diversas, cuerpos diferentes y personas racializadas”, dice el maestro de voguing, Bowie 007.

Importante Reconocer a la Comunidad LGBTIQ+
El voguing se marca dentro de la cultura ballroom que posee una gran estructura y comunidad en varios países del mundo. En México lleva alrededor de ocho años de practicarse. No obstante, a pesar de ello, sigue siendo una comunidad muy pequeña que continúa aprendiendo, replicando y creando, dice Bowie 007.
La cultura ballroom se práctica en espacios callejeros y autogestivos. Generalmente también las personas identificadas con esta contracultura se reúnen en bares a altas horas de la noche, con ciertos toques de clandestinidad, aunque, no es como tal al 100%, porque ya ocupan teatros y calles. Bowie señala: “la clandestinidad es algo que nos pertenece y nos ha permitido crear comunidad”.
En los ballroom se festeja la vida porque ellos viven en un mundo racista y transfóbico que asesina y discrimina por las preferencias sexuales de las personas, las cuales sufren por el color de su piel y otros motivos. “Buscamos ser felices en un mundo hostil y lo que ello conlleva, además de levantar la voz contra los feminicidios, la homofobia, androfobia, bifobia”, opina Bowie y agrega el ballroom se conforma también por personas VIH positivas que atraviesan por estigmas.
“En cada movimiento buscamos celebrar nuestros cuerpos diferentes, disidentes y al mismo tiempo frenar las etiquetas”.
Otro de los objetivos de los representantes del voguing es crear comunidad, pues a partir de las familias elegidas, quieren crear acompañamientos y círculos de escucha, es decir, reunirse como comunidad ballroom y darse contención. Ellos llegan a otros espacios para darse a conocer y conocerse entre sí, identificarse y acompañarse.
Cabe decir, que muchas de las personas que pertenecen a este grupo reconocen que no tuvieron acompañamiento en las escuelas donde incluso tuvieron que fingir que eran heterosexuales y por ello, quieren llevar esta cultura a nuevos lugares y generaciones recientes que lo necesiten. Sus demandas son de ir más allá del ballroom como el lograr una ley trans que los ampare de asesinatos y abusos.
Pretenden también que no haya violencia económica contra ellos y que sean contratados en el mercado laboral y aceptados en las instituciones educativas. Bowie menciona que socialmente hay problemáticas poco atendidas. “De nada sirven las leyes y la visibilización que hacen los medios de comunicación si no nos dan importancia”. Por ejemplo, aclara que cuando hay denuncias de transfeminicidios, no se atienden como deben de ser, por lo cual insiste en la necesidad de reconocer esta comunidad.
Se pide un respeto tangible y genuino por sus vidas e identidades, todo el año, no sólo el mes del orgullo gay (junio) que sirve mucho para tomarse la foto.
