Por María Elena Zúñiga

El sexo y el género culturalmente se han impuesto como un “binomio” porque se cree que a partir de los genitales se define el género, pero es un error explica Lina Pérez Cerqueda, psicóloga y terapeuta sexual quien enfatiza con lo biológico no viene el género. “Si tienes pene y testículos eres niño y si tienes vulva o vagina eres niña”. Pero no, “el género, es una identidad. Es cómo nos reconocemos. Es un proceso sicológico en el que las personas con nuestro yo, decimos qué somos”. 

Cuando arribamos el mundo ya está organizado en rosa y azul y otra identidad la ofrece el nombre que nos ponen al nacer (Ignacio, José, Martha). Luego entonces, todo tiene una carga simbólica, dice la experta.

Así llegamos a la identidad de género, de la cual nos apropiamos entre los 17 y 34 meses de edad (cuando aparece el leguaje). En esta etapa las personas ya entramos al mundo simbólico y podemos decir si somos niños o niñas porque ya aprendimos los estereotipos. Acto seguido, las mismas escuelas también se encargan de reforzar el género, reiterando que viene del sexo. 

Hoy en día existen las fiestas de revelación de género y ahí la sociedad vuelve a preservar que el género viene con los genitales. Ahí nuevamente se remarca el sexo (hombre o mujer), pero existen estados intersexuados, indica la especialista. “Hay muchas variantes y son genéticas porque a nivel cromosómico el embrión se puede quedar en medio o más cerca del XY o más cerca del XX dando paso a N número de estados intersexuales”. 

La diversidad es muy rica, como toda la naturaleza

Según la experta es importante reconocer que existen identidades con biologías diferentes a las esperadas, “es como un supermercado, no sólo hay dos opciones de productos, sino que está lleno de una gran variedad de artículos”. Hay por ejemplo, personas trans, no binarias, bigénero, agénero y género fluido que abarcan orientaciones e identidades.

“La persona que puede decir cuál es su identidad es ella misma”. 

Como los conceptos de sexo y género fueron aprendidos e impuestos culturalmente, por ello, la experta resalta la importancia de hincapié para diferenciar los significados de estas dos palabras con el objetivo de no perpetuar una educación discriminatoria y devaluatoria de todas las personas (hombres y mujeres y de la diversidad sexual).  “La diversidad es muy rica, como toda la naturaleza”, concluye Pérez Cerqueda.