Por María Elena Zúñiga

Con las puertas abiertas y una sonrisa de bienvenida, los voluntarios del comedor comunitario Manos Amigues de la colonia Guerrero en la Ciudad de México, reciben diariamente a más de 220 personas que buscan satisfacer la necesidad de comer. De una a cuatro de la tarde está listo el menú integrado por un plato con sopa, otro de guisado y guarnición, postre y agua a libre demanda con sabor a frutas. 

El proyecto fue iniciativa independiente creado por personas de la comunidad LGBTIQ+ para la propia comunidad al cual se unió después el gobierno de la Ciudad de México, a través de la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social de la Ciudad de México (Sibiso) para apoyar e incluirlo en su cadena de comedores comunitarios. 

Muchas personas que no son homosexuales comen por once pesos gracias a la iniciativa de la población LGBTIQ+. Ellas además de la opción alimenticia, pueden aprovechar para sensibilizarse sobre la labor e importancia de la comunidad. 

La Sibiso subsidia al comedor al 100% en la compra de insumos. Los fines de Manos Amigues no son lucrativos. El origen del proyecto fue hacer un negocio autosustentable por ello se tienen que recuperar costos para pagar la renta del local y los servicios del mismo. 

Algunos voluntarios (no todos) reciben un apoyo económico por su trabajo, aunque para ellos no es el principal objetivo, sino ayudar. Como parte de la dinámica de funcionamiento constantemente está abierto el programa de voluntariado para quienes quieran colaborar con esta causa social.  

Actualmente, seis personas están al frente de la operación de Manos Amigues, cobrando, cocinando, sirviendo y atendiendo a los comensales con un servicio cálido y amable. Satisfechos de contribuir a esa generosa tarea diariamente.

A todas luces, es una labor humanitaria el poner alimentos preparados a disposición de la gente más vulnerable de manera óptima ofreciendo una comida balanceada. 

Un comedor Inclusivo

Adicionalmente en este local de Manos Amigues se realizan actividades culturales para los asistentes como la puesta de trabajos plásticos en los muros del comedor, realizados por personas de la comunidad LGBTIQ+. Continuamente están abiertos a nuevas propuestas, además de lanzar convocatorias para invitar a crear y exhibir obra artística al público con identidades diferentes a la de hombre y mujer. 

“Todo el mundo de los muesos y galerías está hecho para heterosexuales, pero esto es exclusivo para presentar obras de artistas de la comunidad”, dice Antonio Zaragoza, quien hace curaduría y montaje en Manos Amigues. Las pinturas también están a la venta y se desplazan bien en el mismo lugar o en su traslado a ferias de arte con mayor afluencia de gente. 

Aprovechando que se abría el comedor y había paredes vacías los impulsores del comedor decidieron llenarlas con arte emergente o consolidado, cambiando cada mes o mes y medio el montaje de las exposiciones que pueden observar los comensales mientras disfrutan una comida caliente con mucha sazón.

El mismo predio del comedor se convierte dos o tres viernes al mes en un foro cultural LGBTIQ+ presentando diferentes espectáculos como danza Vogue y poesía Slam interpretada por grupos feministas en un horario de 6 de la tarde a once de la noche. Para seguir estos encuentros se pueden consultar las redes sociales de Manos Amigues.