Por María Elena Zúñiga

La educación sexual puede ayudar significativamente a reducir los niveles de los delitos sexuales que existen en México tales como la violencia sexual y de género, el abuso infantil, la violencia doméstica, la trata de personas, la prostitución y la pornografía infantil. Países como Suecia, Holanda y Francia han comprobado que mediante la concientización de las personas sobre los diferentes temas que componen la sexualidad humana han logrado disminuir los índices de agravios entre la población, dice Rodrigo Moheno, cofundador de la Fundación México Vivo. 

Nuestro país tiene indicadores de violencia sexual alarmantes, “hay matrimonios forzados, madres niñas, alta tasa de embarazos no deseados y altos índices de pornografía”. Esta situación es muy grave, añade el experto, por ello sugiere combatir dichos agravios con la herramienta de la educación sexual basada en el conocimiento científico y transversal a los derechos humanos e igualdad de género. 

El miembro de la organización dedicada a la salud y educación sexual de las comunidades más vulnerables de México, reitera que proveer de información a las personas, les permite empoderarse para detener la violencia o pedir ayuda. 

México está entre los primeros países en violencia sexual a menores de 14 años

También hoy en día, existen otros tipos de violencia como el ciberacoso, en la cual la educación sexual facilitaría el conocimiento de los derechos sexuales y reproductivos con el fin de identificar dónde termina el límite de uno y dónde empieza el derecho del otro, opina Moheno. 

Señala que en todas las relaciones sexuales los conceptos de respeto y reciprocidad son fundamentales. Por ello, aclara, “tenemos que trabajar en la educación sexual de los jóvenes, ya que dentro de la información más preocupante es que México, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), está entre los primeros países en violencia sexual a menores de 14 años. Asimismo, cabe decir que también hay un subregistro muy grande porque muchas personas no saben dónde acudir o han perdido la credibilidad en el sistema de justicia.

Desde el punto de vista de Moheno, la educación sexual debe comenzar desde la primera infancia, y debe ser progresiva conforme a la edad del niño o la niña. Eso ayuda a manejar el tema “tan natural como lo es”. Es responsabilidad de los adultos (papás y docentes) acompañar a las infancias en ese proceso, afirma.