Por María Elena Zúñiga

Los estigmas existen porque lamentablemente la humanidad también tiene su lado oscuro, perjudicial y violento. Incapaz de manejar muchas cosas, sobre todo la diferencia, lo que nos muestra que hay otras formas de vivir, sentir, creer, hablar, encontrarse, mostrarse y ser. El estigma al otro, a quien veo diferente de mi ha sido, desde siempre, uno de los lastres que tenemos para crear un mundo equitativo, saludable y placentero.

Esas diferencias están entre las personas, sea cual sea su orientación sexual, por ejemplo. Por ello, nos debemos enfocar en cómo hacemos que esas diferencias sean el timón y viento en popa para la humanidad, dice el doctor Francisco Juan José Viola.

El especialista en psicología y salud sexual de origen argentino, señala que los estigmas o rechazos no nacen de la realidad. Son como los celos, crecen no por lo que el otro hace, sino por mi propia limitación y otras cuestiones personales. Sin embargo, también “somos capaces de superar eso y crear una convivencia que nos permita favorecernos”. 

La especie humana es variada

La sexología, por su parte, desde hace más de 20 años se ha consagrado a pensar en términos de derechos sexuales como derechos humanos, y ahora piensa en la necesidad de una justicia sexual.

Para una sana convivencia de igualdad y respeto en la sociedad se requiere una educación sexual integral.  Además de eso, debemos desarrollar marcos legales y operativos para que ello se concrete siempre y no sea fácil hacer daño, explica el especialista. “La lucha contra la violencia es un imperativo social”. 

Cuando pensamos en el ser humano pensamos en condiciones propias de la especie que nos hacen seres únicos.  Las condiciones que nos definen como humanidad (dignidad, diversidad y sexualidad) nadie nos las puede quitar, ni siquiera nosotros mismos. “Son inherentes a nosotros como entidad de la especie”.  De acuerdo con el especialista debemos comprender, aceptar y reconocer que estas características se manifiestan a través de un entramado biológico, psicológico y sociocultural.

En cuanto a la sexualidad, afirma que toda sexualidad debe expresarse del modo más saludable dentro de las normas que una sociedad determina, excluyendo la violencia”. 

Explica que la especie humana se caracteriza por ser variada y básicamente esto implica que la diversidad que nos identifica como tal, es curiosamente, donde radica la mayor riqueza que tenemos. “La diversidad lejos de ser un problema representa la posibilidad de superar los problemas”, apunta.