
Y si la pandemia hubiese apretado un poquito más en tiempo.
Después de un período de automatización y de poco acercamiento humano, quizá lo suficientemente acelerado como para ir desbaratando modelos anteriores, las personas fueron interaccionando más a través de la tecnología, y mucho se volvió letras e imagen, emoticones también… Entendimiento a medias, desfase en tiempos y en humores. El contacto real y más esa idea de romance, y no estoy hablando de amor romántico, quedó en suspenso.
Cierto es que ya se habían probado muchos juguetes sexuales para cuando las parejas no estuviesen juntas, sobre todo en cuestión de vibradores eléctricos y a través de la pantalla, pero cada quien, desde su espacio, mirándose y hablándose.
Olvidadas estaban las citas en persona, cafés, obras de teatro, cine. Una salida a comer, ¡a bailar! Una caminata, un paseo. Luego de una década de temores.
Así…, quien logró sobrevivir a la enfermedad y a los agobios, o se mantenía temeroso o estuvo ávido de emanciparse. ¿Una ayudadita?
Ante eso, Mariana decidió emprender y pensó en lo que sería revivir encuentros de sonrisas, miradas, atenciones y desde luego, también de cuerpos. Cuerpo a cuerpo, piel a piel.
Nunca su cúmulo de expectativas fue tanto como para que esto se convirtiera en un negocio, pero así lo fue, y sobre todo para la gente que tenía posibilidades económicas, aunque también podía pagarse a plazos. Era un plan de enamoramiento a tres meses, para recordar: para mujeres, para hombres.
Nos habíamos quedado tan habituados a estar frente a una computadora, micrófono, audífonos, permanecer mucho en casa, que en mucho nos habíamos aislado. Los teléfonos celulares eran campo abierto al futuro, pero no nos brindaban el contacto real, sí esta idea de cada vez ser más productivos.
Teníamos ciertos resquemores para vernos, darnos la mano, abrazarnos, conocer gente, intentar comienzos, coqueteos, atenciones. Pavlov tan vigente. Nos habían orillado a muchos a mantener distancia, sobre todo a las generaciones mayores. Así que Mariana, activada por esta idea del romance de antaño, de encender la llama con suavidad e ir dando confianza, ideó un plan para enamorar a la gente a la usanza del detalle, del conocimiento calmo y de la atracción fogosa.
Mariana era una mujer de 65 años, conocía todo sobre el amor y sobre el deseo, lo había experimentado a raudales. Era una olla que hervía en placeres y además, siempre dispuesta a expandir su territorio.
Así, conocimiento de causa y efecto, tanto para varones como para mujeres que quisieran revivir la conquista, Mariana diseñó un proyecto inspirada en el liderazgo que Juana Ramírez le había enseñado años antes, la CEO y fundadora de Sohin; una destacada emprendedora que sabía dónde y cómo dejar huella.
Mariana puso manos a la obra y se decidió por el liderazgo en su dimensión de Equipo (y las parejas funcionarían como tal), constaba de los siguientes puntos: Conocerse, reglas del juego claras, atender a los rituales (celebrar), expectativas (bien detalladas por escrito y por cada día, de parte de cada uno de los involucrados), y retroalimentación para mejorar.
Mariana tenía como propósito superior, revivir el deseo y el contacto humano. El plan de tres meses debía ser a diario, con cuidados y atención al otro. Comenzaba con cartas corteses, amables, entusiastas, encendidas. Llamadas telefónicas, detalles, conversaciones en vivo, sí, en vivo; paseos…
Las aplicaciones de contacto habían dejado de interesar a las personas mayores, se habían cancelado reuniones o clubes en los que se conocían. Su sexualidad y el entusiasmo por lucir bien, por conversar y mirarse en persona, se habían pasmado. Se habían quedado sin contactos ni citas, y con el tránsito de los meses y la década entera, parecía que se había cancelado la posibilidad de conocer a alguien, de vivir el enamoramiento y también el sexo. La sangre se cuajó en la preocupación del día a día, pero podía hervir de nuevo.
Y qué tal, entre las maravillas de la vida, tuvimos un montón de seres humanos enamorados. Primero personas mayores; luego atrajo sobremanera el interés de personas más jóvenes y los rituales, fueron de nuevo un punto de encuentro y también, de la mano del negocio.
