Entre Parafilias y Diversidad: Repensando la Sexualidad Humana Hoy
Por Gabriela de J. Merlos Sánchez
A lo largo de la historia, Manifestaciones de la Diversidad Sexual (mal llamadas parafilias) han evolucionado bajo la influencia del patriarcado y el biopoder. En tiempos prehistóricos, los mitos eróticos celebraban el placer sexual, pero con el patriarcado, las normas sexuales se volvieron más rígidas.
Con el tiempo, las normas culturales y religiosas restringieron comportamientos sexuales previamente considerados naturales. La patologización de Manifestaciones de la Diversidad Sexual (MDS) comenzó en el siglo XIX, influyendo en la percepción y regulación de la sexualidad.
La relación entre MDS, patriarcado y biopoder radica en cómo ciertas prácticas sexuales desafían normas de género y poder, enfrentando estigmatización y represión.
Es esencial cuestionar la categorización de algunas prácticas sexuales como trastornos y adoptar un enfoque más inclusivo que respete la diversidad de expresiones sexuales. Comprender las Manifestaciones de la Diversidad Sexual y su relación con el patriarcado y el biopoder promueve una percepción respetuosa de la sexualidad humana.
La Evolución de Manifestaciones de la Diversidad Sexual y la Regulación de la Sexualidad a lo Largo de la Historia.
A lo largo de la historia, Las Manifestaciones de la Diversidad Sexual han sido parte de la diversidad sexual, aunque las normas sociales y culturales cambian. En la prehistoria, según Rianne Eisler, los mitos y rituales eróticos celebraban la vida y el placer sexual, esto lo encontramos evidenciado en el arte que representaba el cuerpo femenino, la relación sexual y el nacimiento.
Eisler, en «Sexo, Mitos y Política del Cuerpo», analiza la sexualidad desde el neolítico, un período sin violencia ni subordinación. Sin embargo, Las manifestaciones de la diversidad sexual no se reflejan en el registro histórico neolítico, emergiendo más tarde con la aparición del patriarcado y estructuras de dominación, encontrándolas reflejadas en pinturas y esculturas sexuales violentas y “parafílicas”.
Es importante entender que, con el patriarcado, las normas y prohibiciones influenciaron la expresión sexual. Antiguamente, la sexualidad, relacionada con el placer y festividades, se sometió a represión y censura. Por ejemplo, las leyes hititas prohibían el bestialismo, y la prohibición de las Lupercalias, en el 494, reflejaba la transición hacia la renuncia al placer por corrientes religiosas.
Estos cambios marcaron un giro en la percepción de la sexualidad. Margarita Alacoque es una muestra de esta transformación, practicando mortificaciones corporales por devoción religiosa, revelando la complejidad de la relación entre placer, sufrimiento y espiritualidad en la sexualidad patriarcal.
En el siglo XVII, según Foucault, la sexualidad se vinculó a normas y conocimiento, con disciplinas corporales enfocadas en la «utilidad» del cuerpo para propósitos laborales, militares y reproductivos. La sexualidad se integró en la vida pública y privada, necesitando ser comprendida, controlada y moldeada según las normas de cada época.
Parafilias, Biopoder y Categorización Médica en el Siglo XIX
El concepto de biopoder, acuñado por Michel Foucault, es crucial para comprender cómo la sociedad moderna gestiona la vida y la población. Su relevancia es especialmente palpable en el ámbito de la sexualidad humana, donde su impacto es particularmente significativo. El biopoder se manifiesta como un sistema de regulación que supervisa y normativiza el comportamiento sexual, definiendo lo que es considerado «aceptable» o «inaceptable». Esta regulación abarca tanto la sexualidad individual como colectiva.
En relación con las Manifestaciones de la Diversidad Sexual -deseos y comportamientos sexuales que se desvían de las normas convencionales-, el biopoder implica un escrutinio riguroso y juicios morales, etiquetando ciertas prácticas como socialmente inapropiadas o inmorales. Así, el biopoder no solo impone normas, sino que también influye en la percepción pública, estigmatizando o patologizando a quienes se desvían de estas normas.
Antes del siglo XIX, la regulación de la sexualidad estaba más ligada a normas sociales y religiosas, sin una categorización médica o patológica específica. Sin embargo, con Claude F. Michéa en 1849 y su referencia a comportamientos sexuales como «perversos», se inicia una era de categorización médica de la sexualidad. Este cambio se profundizó con Richard von Krafft-Ebing en 1886, quien en «Psychopathia Sexualis» clasificó diversos comportamientos sexuales como «degenerados», basándose en la idea de que la sexualidad debía estar destinada a la reproducción.
Así, Krafft-Ebing jugó un rol crucial en la medicalización y patologización de la sexualidad, influenciando la psiquiatría y psicología sexual subsiguientes. Esta nueva visión no solo alteró la percepción de la sexualidad, sino también cómo la sociedad entendía y se relacionaba con la diversidad sexual. En este contexto, el biopoder se manifestó a través del control ejercido por las autoridades médicas y psiquiátricas, categorizando y etiquetando ciertos comportamientos sexuales como «anormales» o «patológicos», en línea con el objetivo del biopoder de regular y gestionar la vida y la población.
«Parafilias: Clasificación y Percepción en la Sexualidad Moderna»
La noción de «parafilia» se introdujo en el campo de la psicología y la psiquiatría en el transcurso del siglo XX. Este término, que tiene sus raíces en el griego «para» (que significa «junto a» o «al lado de») y «filia» (que denota «amor» o «atracción»), fue utilizado por primera vez en la literatura médica para describir patrones de comportamiento sexual que se consideraban desviados, perversos o degenerados. Como ya se mencionó, la introducción de este término marcó un cambio significativo en la conceptualización de la sexualidad y condujo al análisis de comportamientos sexuales que se desviaban de las normas sociales y sexuales predominantes. Posteriormente, su clasificación en manuales como el DSM y la CIE sustentó que la palabra ‘parafilia’ fuera asociada con algo negativo dentro de las sociedades. Esto se debe a que los padecimientos psiquiátricos suelen considerarse indeseables.
Las Manifestaciones de la Diversidad Sexual, clasificadas en manuales como el DSM y la CIE como parafilias, reflejan esta influencia al definir lo «normal» o «aceptable» en la sexualidad, yendo de la mano con la regulación y control del biopoder. Estas prácticas sexuales, al desafiar las normas de género y poder patriarcales, han sido etiquetadas y patologizadas. Sin embargo, algunas MDS también representan resistencia contra las normas patriarcales y el control del biopoder, aunque esto conlleve a estigmatización y represión.
Desafiando las Categorías: Parafilias como Manifestaciones de la Diversidad Sexual
El reconocimiento de que las conductas parafílicas han sido experimentadas por muchas personas a lo largo de la historia de la humanidad nos insta a reevaluar cómo las definimos y clasificamos. Es esencial considerar cómo el patriarcado y el biopoder han sometido lo distinto, para así mirar más allá de los criterios establecidos por el DSM-V y el CIE.
Priorizar la experiencia de las personas por encima de la patologización permite establecer acompañamientos psicoterapéuticos más humanos, enfocados en el bienestar del individuo y no en hacerlo funcional solo para encajar en un sistema opresor.
David Barrios propone el término «Manifestaciones de la Diversidad Sexual» (MDS) para describir actitudes y conductas eróticas, desafiando su patologización y promoviendo un enfoque más inclusivo. Debemos cuestionarnos si las Manifestaciones de la Diversidad Sexual son realmente problemas de salud mental o simplemente expresiones de la diversidad sexual. La sexualidad humana es diversa y lo que es tabú en una cultura puede ser aceptable en otra. Así, categorizar las Manifestaciones de la Diversidad Sexual, más que reflejar una patología, podría indicar diversidad en la sexualidad.
Es importante considerar que, en el contexto del patriarcado y el biopoder, las Manifestaciones de la Diversidad Sexual pueden convertirse en una resistencia a las normas y al control sobre la sexualidad. Esta resistencia plantea preguntas sobre la libertad y aceptación de la diversidad sexual en la sociedad.
Las personas dedicadas a la sexología y el acompañamiento psicoterapéutico debemos enfocarnos en el bienestar que generan las manifestaciones de la diversidad sexual en los individuos. Es crucial preguntarnos si el malestar que los pacientes comparten en el consultorio se debe a estas manifestaciones o, más bien, al castigo impuesto por el biopoder y el patriarcado. Debemos considerar que las manifestaciones de la diversidad sexual son expresiones válidas de esta diversidad si cumplen con ciertos criterios: deben ser sensatas para quienes las practican, seguras, en el sentido de que las personas adquieran los conocimientos necesarios para minimizar los riesgos; consensuadas, es decir, que se respete el derecho de terceros a decidir, negociar y expresar su negativa; placenteras para garantizar el bienestar de la persona, y, sobre todo, no violentas.
La sexualidad humana en la actualidad se encuentra en un constante proceso de redefinición y transformación. A lo largo de la historia, hemos observado cómo las normas sociales y culturales han influido en la percepción y regulación de la sexualidad, desde los mitos eróticos en tiempos prehistóricos hasta la categorización médica de las Manifestaciones de la Diversidad Sexual en el siglo XIX. Hoy en día, la diversidad sexual y la comprensión de las diversas manifestaciones eróticas han ganado terreno. Se ha producido un cambio hacia una percepción más inclusiva y respetuosa de la sexualidad humana, cuestionando las etiquetas patológicas y fomentando la aceptación de la diversidad en las expresiones sexuales. Sin embargo, aún persisten desafíos en la lucha por la libertad y la aceptación plena de la diversidad sexual en la sociedad contemporánea, lo que nos invita a seguir reflexionando y promoviendo un enfoque más humano y comprensivo hacia la sexualidad en el mundo actual.
