Por Karla Yameli Martell Garrido*

La sexualidad es un aspecto central de la vida de todo ser humano, es un área imprescindible para llevar una vida plena. A lo largo de la historia han existido muchas dificultades desde la definición misma de la sexualidad hasta la determinación de los derechos sexuales y reproductivos que la protegen. En años recientes se ha trabajado mucho en garantizar que todos y todas podamos vivir con plenitud nuestra sexualidad, sin embargo, existen sectores de la población que hoy en día su sexualidad se sigue considerando un tabú; uno de estos grupos es el de las personas con discapacidad intelectual.
La discapacidad intelectual es un trastorno del neurodesarrollo que se manifiesta a través de alteraciones en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa. Es una condición que varía según cada persona, pero algunos manuales identifican características generales que las personas con este diagnóstico comparten, como dificultades en el lenguaje, capacidades cognitivas (tales como analizar, razonar, comprender, calcular y el pensamiento abstracto) restringidas, inmadurez en sus relaciones sociales en comparación a lo esperado para su grupo de edad en su contexto cultural, entre otras.
No se tienen datos exactos de la prevalencia de la discapacidad intelectual actualmente, pero se estima que en México abarca entre el 1 y 4% de la población. También se ha clasificado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) según cuatro niveles de gravedad: leve, moderado, grave y severo. Es una condición con causas muy variables, ya sea antes del nacimiento como algunos aspectos genéticos, durante el parto como complicaciones como el parto prematuro o después del nacimiento, como la desnutrición; generalmente se menciona que esta condición surge durante el periodo de desarrollo, es decir, antes de los 18 años.
Se trata de una condición en la que la persona puede requerir de cierto nivel de apoyo según la gravedad de sus dificultades. Se ha demostrado que con apoyos educativos, terapéuticos y otros como la ayuda de sus familiares, las personas con discapacidad intelectual logran vivir una vida autónoma y feliz. Es importante mencionar que a nivel fisiológico no existe ninguna característica de la discapacidad intelectual que impida o afecte la vida sexual de los individuos. Lamentablemente, a pesar de ello, en cuanto a su sexualidad refiere, siguen existiendo muchos mitos.
Algunos de estos mitos son que se trata de “niños eternos”, cuya sexualidad nunca va a “despertar” o, por el contrario, se ha llegado a creer que si esta sexualidad se manifiesta, lo hará de forma agresiva y desenfrenada; en ambos casos se ha optado por prohibirla, negarles una educación sexual o, en caso de que la reciban, ésta se enfoca casi exclusivamente en la abstinencia y en la prevención del abuso sexual y los embarazos, llegando al grado incluso de someter a las mujeres con discapacidad intelectual a procedimientos de esterilización forzada con el objetivo de evitar que nazcan más personas con discapacidad.
Estos mitos son peligrosos porque pueden influir en el trato que las personas con discapacidad intelectual reciben, negándoles derechos como la maternidad y el placer, restringiendo su acceso a una educación sexual integral y afectando la atención que reciben en diferentes servicios de salud, además de las complicaciones sociales que pueden surgir, como el juicio o rechazo a aquellas personas con discapacidad intelectual que deciden sí ejercer su paternidad y el potencial peligro de realizar conductas de riesgo en sí mismos o con otras personas.
Respecto a la educación sexual, podemos decir que el conocimiento es la base del comportamiento; si una persona no conoce cuáles son las conductas sexuales de riesgo, no puede actuar para prevenirlas, por mencionar un ejemplo. La educación sexual integral no es solo una serie de conocimientos, sin embargo, para las personas con discapacidad intelectual las barreras pueden comenzar desde ahí. Afortunadamente la investigación en este tema ha avanzado y se han realizado cursos, talleres e instrumentos de evaluación dirigidos a brindar una educación sexual integral a las personas con discapacidad intelectual, aunque en varios casos éstos no están dirigidos directamente a la persona con discapacidad, sino a algún tutor o profesional que trabaja con ellos.
Esto puede ser entendible, ya que, como se mencionó anteriormente, parte de las limitaciones con las que viven las personas con discapacidad intelectual incluye una limitación en el funcionamiento intelectual, lo cual puede complicar su aprendizaje, ya sea por complicaciones en el lenguaje, problemas para concentrarse o dificultades para comprender y retener información en textos extensos.
A pesar de eso, no es imposible. A raíz de la pandemia se incrementó la investigación en los beneficios del uso de la tecnología para los procesos de aprendizaje de las personas con discapacidad intelectual. La UNESCO lanzó una serie de recomendaciones para aprovecharlas al máximo en pro de la educación de este sector de la población, tales como utilizar apoyos audiovisuales; el uso de videos puede ayudar a solventar las dificultades que pueden presentar en la lectoescritura, además de que estos apoyos deben estar diseñados específicamente para ellos, utilizando por ejemplo pictogramas, que son imágenes simples, preferentemente sin fondo para no generar distracciones, que pueden ilustrar el texto o audio, otra sugerencia es el uso de lenguaje sencillo y directo, realizar evaluaciones que la persona con discapacidad pueda responder por sí misma, pero contando con la posibilidad de asistencia en caso de que la requieran.
Con estas ideas en mente es que se ha trabajado en la creación de instrumentos que permitan evaluar los conocimientos que las personas con discapacidad intelectual tienen acerca de diferentes temas de sexualidad, con el fin de desarrollar también talleres o cursos que permitan que obtengan los conocimientos adecuados que les permitan vivir una sexualidad plena y segura, aunque aún existe un camino largo que recorrer.
Las personas con discapacidad intelectual tienen los mismos deseos de conocer y vivir su sexualidad que todos los demás, pero en muchas ocasiones las barreras sociales como los mitos pueden dificultarles o incluso negarles el acceso a la información que necesitan. Es importante ofrecerle a este sector de la población una educación sexual adecuada, integral y adaptada a sus características. Por ello sugiero ampliamente que se continúe la investigación en este campo y que trabajemos en conjunto psicólogos, educadores, personal de salud y familiares para poder romper estas barreras y contribuir a que las personas con discapacidad intelectual disfruten de su sexualidad al igual que todos y todas. También nos hace falta trabajar como sociedad en el sentido de que las personas sin discapacidad terminemos con estos mitos y dejemos de entrometernos en la forma en que las personas con discapacidad viven y experimentan su sexualidad.
- Licenciada en Psicología, egresada de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Ha trabajado en el desarrollo de talleres de educación sexual para personas con discapacidad intelectual y sus familias. Actualmente continúa su formación como Consejera en Sexualidad Humana.
