Por Javier Noyola
Durante siglos, el placer femenino ha sido un tema ignorado, silenciado o cubierto por capas de vergüenza y tabú. En muchas culturas, se ha visto como algo secundario, casi innecesario, dentro de la experiencia sexual. Pero, ¿y si el placer femenino no solo fuera importante, sino también sagrado? ¿Y si entenderlo pudiera transformar por completo nuestra forma de relacionarnos con la intimidad?
El libro A Taste of Honey de Habeeb Akande abre la puerta a esa reflexión. Inspirado por los saberes tradicionales del mundo árabe y musulmán, explora el erotismo desde una
perspectiva que no busca censurar, sino honrar el cuerpo, el deseo y el placer,
especialmente el de las mujeres.
Lo primero que llama la atención es la forma en que el autor presenta la sexualidad como algo natural, espiritual y digno de conocimiento. En lugar de evitar el tema, lo aborda con profundidad, combinando historia, cultura, religión y ciencia. Así, plantea que la ignorancia sobre la sexualidad femenina no es casualidad, sino el resultado de estructuras que han invisibilizado la voz y el deseo de las mujeres.
Y es que hablar de placer femenino no es solo hablar de sexo. Es hablar de
empoderamiento, de salud emocional, de relaciones más justas y conscientes. Cuando una mujer se conoce, se escucha y reconoce sus deseos, también está afirmando su
autonomía. Está diciendo: “Esto soy”, sin miedo ni culpa.
El libro también expone cómo el erotismo puede ser una forma de arte y una expresión espiritual. Esta visión contrasta con los modelos actuales que muchas veces reducen el sexo a algo mecánico, rápido o centrado en el rendimiento.
A Taste of Honey nos recuerda que el placer es un proceso, una danza de atención,
sensibilidad y presencia. Que tocar y ser tocado puede ser un acto de devoción y conexión, no solo física, sino emocional.
Otro aspecto relevante es la crítica al doble estándar que existe en muchas sociedades:
mientras que el deseo masculino es aceptado e incluso celebrado, el deseo femenino suele ser cuestionado o reprimido. Esta desigualdad no solo limita a las mujeres, sino que empobrece a todos. Porque una sexualidad plena no se logra en solitario, sino en pareja, con respeto y complicidad.
El texto también ofrece una mirada positiva hacia la educación sexual, especialmente dentro del matrimonio. No desde el deber, sino desde el gozo. Sugiere que conocer el cuerpo, hablar abiertamente del deseo y explorar nuevas formas de conexión fortalece los vínculos y nutre la relación.
En este sentido, el erotismo se convierte en un lenguaje compartido, donde el placer se da y se recibe, sin culpa ni imposición.
Finalmente, A Taste of Honey nos invita a repensar la sexualidad como parte del bienestar integral. Y lo hace sin morbo, sin clichés, sin recetas. Solo con la certeza de que el placer merece ser vivido, entendido y honrado.
Quizás, entonces, el camino hacia una vida sexual más plena no pase por técnicas o trucos, sino por una transformación más profunda: una en la que el deseo deje de ser un secreto y se convierta en una forma de sabiduría.
