Por Javier Noyola

La sexualidad humana es un tapiz complejo y vibrante, tejido con los hilos del deseo, la intimidad y las fantasías sexuales.

Desde que somos niños, cerca de los 5 años, comenzamos a dar forma a esos paisajes internos donde lo posible se extiende más allá de las fronteras de la realidad. Son más que simples caprichos de la mente; son laboratorios seguros donde podemos explorar y reconocer nuestros deseos más profundos sin las restricciones impuestas por el mundo exterior.

Las fantasías sexuales son laboratorios seguros donde podemos explorar y reconocer nuestros deseos más profundos

Se nos enseña a ocultarlas, a reprimir nuestras verdades más íntimas. Pero al hacerlo, no solo nos alejamos de una comprensión más rica de nosotros mismos, sino que también tenemos la idea de que ciertas formas de deseo son incorrectas o perjudiciales. Algo que para nada es cierto.

Porque, contrario a la creencia popular, las fantasías sexuales no son cartografías fidedignas de nuestras intenciones o comportamientos en el plano físico, son más bien como obras de ficción personales que nos permiten experimentar con escenarios y emociones en un espacio seguro y controlado. Así como un lector no desea vivir las tragedias de los personajes de una novela, quien fantasea no busca necesariamente hacer realidad cada imagen o narrativa que visita su mente.

La próxima vez que te encuentres navegando por las aguas de tus fantasías sexuales, recuerda que no estás solo en este viaje.