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La atención, vital en el amor y en el erotismo

por Mónica Roca | Ago 25, 2025 | Bienestar personal, El Placer Sexual | 0 Comentarios

Por Mónica Roca

Hay gestos que cuidan. Miradas que sostienen. Presencias que, sin hacer ruido, le devuelven al alma la certeza de que existe, y que al menos en ese momento, todo está bien.

A veces pensamos que amar es tener un profundo sentimiento o hacer grandes cosas por alguien, pero el acto más íntimo y poderoso del amor es más simple: prestar atención.

Prestar atención es decir con el cuerpo, con los ojos, con la voz y con los silencios: “Te veo. Te escucho. Me importas. Existes.”

Es detener el mundo un instante para abrir espacio al otro. Es habitar el presente en compañía. Es mirar con apertura y sin prisa y, ojalá, con ternura.

Como escribió Bell Hooks: “La atención es una forma de amor. Cuando amamos, elegimos mirar con todo el corazón.”

Y ese tipo de mirada transforma. Porque cuando prestamos atención genuina, no solo estamos observando a alguien: lo estamos reconociendo, estamos afirmando su existencia y descubriendo al ser que, siendo, surge ante nosotros.

Cuando alguien se siente visto con amor, algo se acomoda profundamente en el interior.

Dar nuestra atención no es solo un gesto bonito o un signo de buena voluntad. Es mucho más que eso; es una necesidad emocional básica. Igual que el afecto, la aceptación y la aprobación, la atención es parte del tejido que sostiene la salud emocional de una persona. Desde la infancia, aprendemos quiénes somos a través de las miradas que nos modelan, las palabras que nos validan, las presencias – o ausencias – que nos forjan.

Porque ser visto es ser validado. Y ser validado es, muchas veces, lo que más necesitamos para seguir viviendo con dignidad.

Por el contrario, la falta de atención —la indiferencia, la distracción crónica, el olvido— hiere en lo más hondo. Nos hace sentir invisibles. Nos lanza al precipicio del “no soy importante”, del “algo debo estar haciendo mal”, del “tal vez si me esfuerzo más, si soy más útil, más alegre, más perfecta…” y es asomarnos a abismos que no se llenan nunca. Y que duelen demasiado.

Así, muchas personas viven años intentando ganarse una mirada. Una palabra. Un reconocimiento. Ser visto y nombrado por alguien significativo. La atención no debería ser un lujo ni una moneda de intercambio, aunque todos sabemos que hay personas que dañan y castigan retirando la atención, con la “ley del hielo” y lo doloroso que resulta esa violencia.

La atención es una necesidad básica en todo vínculo humano. Y prestar atención hacia  los seres que están cerca de nosotros, se convierte en una responsabilidad de cuidado.

Porque todos y todas, a cualquier edad, necesitamos ser cuidados. Así como también todas y todos somos responsables de cuidar; de mirar a quienes nos rodean con más conciencia. De volvernos atentos. Tomarnos el tiempo de estar y ser para nuestra familia, hijos e hijas, amigos y relaciones cercanas, ¿cambiaría en algo tu experiencia de vida?

No siempre podemos resolver los problemas de quienes amamos, pero siempre podemos mirarles a los ojos, escuchar con todo el cuerpo y ofrecer nuestra presencia. Y eso, aunque parezca poco, a veces lo cambia todo.

Como dijo Virginia Woolf:

“Mirar es un acto de elección. Y al elegir mirar, transformamos lo ordinario en algo digno de ser contado.”

La atención como preludio del deseo…

La atención no solo nutre la experiencia del encuentro cotidiano, también es el campo fértil sobre el que florece el deseo. En la vida sexual, sentirse verdaderamente visto, escuchada y valorado por la pareja dispone el cuerpo, relaja el sistema nervioso y crea un espacio de seguridad emocional. Y ese estado es esencial para el placer. Una vida sexual plena y el goce no comienzan en la cama.

Porque el erotismo puede nacer del vínculo. Y el vínculo se crea y fortalece con miradas, gestos, palabras, experiencias, complicidades y silencios compartidos.

Cuando hay atención auténtica, el cuerpo siente: “Estoy a salvo. Soy deseada, soy deseado. No tengo que defenderme.”

Y, entonces, podemos disponernos al placer.

Por el contrario, la falta de atención —ese no estar realmente presentes— puede volver la experiencia sexual vacía, mecánica o incluso dolorosa física y emocionalmente.

Cuando una persona se siente invisible fuera de la cama, es difícil que se sienta deseada dentro de ella.

Y cuando el cuerpo percibe desconexión, rechazo abierto o sutil o desinterés, se protege. Se cierra. Se apaga.

El deseo no se exige, se cultiva. Y uno de sus nutrientes más poderosos es la atención genuina. Es comunicar: “Me importas, no solo cuando estamos desnudos. Te veo, incluso cuando no estamos tocándonos.”

¿Prestarnos atención a nosotros y nosotras mismas? Es el primer paso para un acto de autocuidado y puede promover un autoerotismo que enriquece el propio conocimiento y  la posibilidad de convertirte en tu mejor amante.

En ese sentido, la atención no es solo un acto amoroso y de buentrato; puede ser, también, un acto profundamente erótico.

Nunca dejemos de elegir mirar.

Y hacerlo con todo el cuerpo y con todo el corazón.

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