Por Martha Patricia del Moral Zamudio

El presente ensayo tiene como propósito retomar algunas bases al respecto del tema del Abuso Sexual Infantil, parte de la exposición de una experiencia profesional y se orienta al reconocimiento de un nivel de Prevención desde el cuál sea posible reducir la incidencia del mismo.

Dulce es una alumna de 12 años con una condición de Discapacidad Intelectual que asiste al Centro de Atención Múltiple X, dos de sus hermanas también con la misma condición cursan otros grados en el mismo lugar. Ante la escuela, es una tía materna la responsable de la atención de las niñas ya que la madre biológica por su condición de Discapacidad Intelectual no participa en las actividades relacionadas con la escolaridad de sus hijas.

La maestra frente al grupo de Dulce inicia a identificar en ella conductas de aislamiento, agresividad, soliloquios, dispersión en su atención por lo que refiere su atención al Área de Psicología, de la que formo parte. Si bien inicio a observarla dentro del aula también la abordo en sesiones individuales de cubículo y en la tercera sesión me expresa apoyada también en su lenguaje de señas, que su vecino Javi, un señor, toca su cola y le da monedas para comprar dulces.

Una vez comunicado el evento con su tía, acudimos junto con Dulce a una de las llamadas Agencias Especializadas En Delitos Sexuales, lugar en donde después de una larga espera, sale una mujer en un pasillo con una bata blanca gritando: “Que pase la niña que fue abusada”, y Dulce,  pasó. El abuso fue confirmado por la identificación de signos en sus genitales y nos fue informado que se abriría una carpeta de investigación al respecto.

Educación para la prevención

Los agentes judiciales que en mi fantasía saldrían atrás de nosotros para la detención del abusador, nunca aparecieron, la llamada carpeta de investigación tampoco dio señales de evolución, pero la vida de Dulce si cambió dramáticamente ya que la reacción de su contexto lejos de victimizarla, la agredió.

Su tía le devolvió que ya le había advertido que “nada de dar las nalgas a nadie” y ella había desobedecido. Su mamá le propinó una paliza que la llevo a no ir a la escuela durante una semana y la llamo “PUTA” muchas veces, y su vecino Javi siguió viviendo ahí durante varios años, sin consecuencia de sus acciones.

La experiencia y el acompañamiento a Dulce dejó en mi práctica profesional significativos aprendizajes.

Aprendí que el Abuso Sexual infantil es una categoría viva y sensible del Maltrato, y que existen poblaciones infantiles que son mayormente susceptibles de sufrirlo, como es el caso de los niños y niñas con una condición de discapacidad.

Aprendí que la reacción del entorno determina las consecuencias a corto, mediano y largo plazo.

Aprendí que el Abuso Sexual Infantil incluye una amplia variedad de experiencias por parte de quien no tiene o ha perdido su responsabilidad frente a los otros.

Aprendí que en el desarrollo y fortalecimiento de una cultura de la Denuncia, se requiere además del denunciante, una contraparte estructurada, sólida, confiable y generadora de respuestas contingentes.

De la experiencia en su conjunto aprendí que existe un Nivel de Prevención, que puede y debe ser abordado por la Escuela y respaldado por las familias, y en donde la Educación de la Sexualidad es la herramienta clave. Caracterizada por ser sistemática, científica, formal, pertinente y formadora.

Resulta favorecedora una concepción de la Educación de la Sexualidad como un proceso de permanente aprendizaje de la vida de relación de un ser humano en las diferentes etapas de su crecimiento y desarrollo. Incluye la formación e intercambio de valores, conocimientos y comportamientos, que incorporan y transforman las relaciones entre hombres y mujeres dentro de su contexto social y cultural, con discapacidad o sin ella.

En conclusión a lo anteriormente expuesto, resulta importante reconocer que a pesar de su subregistro, si existen evidencias de casos de Abuso Sexual Infantil, que el Abuso Sexual Infantil no desaparece al evitar hablar del tema, que es susceptible de prevenirse.

Que el Abuso Sexual Infantil lleva implícita una relación de poder, es decir, una relación desigual de un individuo sobre otro y mayormente cuando se cuenta con una condición de discapacidad.

Constituye el Abuso Sexual Infantil un delito que atenta contra los derechos humanos de las niñas y los niños, y encuentra agravantes legales cuando la víctima presenta una condición de discapacidad.

Es pues, competencia de educadores y padres de familia el asumirse como Educadores de la Sexualidad y asumir la formalidad de esta, evitando dejarla en terreno de la educación informal presente en los entornos de la vida cotidiana y comúnmente propagadora de mitos y tabúes.