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¿El agotamiento afecta nuestro deseo sexual?

por Mónica Roca | Jul 3, 2025 | Bienestar personal, El Placer Sexual | 0 Comentarios

Por: Mónica Roca

Muchas mujeres creen que algo está “mal” en ellas cuando su deseo sexual disminuye. La mayoría llega a la conclusión de que se trata de un fallo personal. “Hay algo malo en mí” es una frase que escucho con mucha frecuencia. Y la raíz, a menudo, está en algo profundo y silencioso: el agotamiento emocional.

Emily y Amelia Nagoski, autoras del libro Hiperagotadas, explican que muchas mujeres viven atrapadas en un ciclo constante de estrés, exigencia y autoexigencia. Cuidamos, resolvemos, damos, y dejamos nuestro cuerpo —y nuestro deseo— para después. Pero el cuerpo no olvida. El estrés se acumula, y con él, se apaga el deseo.

En lugar de ver el deseo sexual como una función desconectada del resto de la vida, las autoras nos invitan a verlo como parte integral de nuestro bienestar. Cuando estamos agotadas, nuestro sistema nervioso se pone en modo de supervivencia. Y en ese estado, el cuerpo simplemente no está disponible para el placer, la conexión, o el erotismo. No porque no queramos, sino porque estamos ocupadas sobreviviendo.

Según las investigaciones de las hermanas Nagoski, salir del “ciclo del estrés” es clave para reconectar con nuestra energía vital, y por lo tanto, con nuestra sexualidad. Esto implica algo más que permitir que el estímulo estresante desaparezca o simplemente descansar: se trata de completar el ciclo del estrés con prácticas que involucren al cuerpo, como el llanto, el movimiento físico, el contacto afectivo, el juego o incluso el humor cuando ya ha pasado el momento del evento estresante. Es permitirle al cuerpo liberar esa tensión emocional y física que se queda acumulada aún cuando creemos que “ya pasó”. Solo cuando el cuerpo siente que está a salvo, puede abrirse de nuevo al placer.

Un sistema nervioso relajado es la primera condición para disfrutar una vida erótica plena. Y los beneficios de la calma se ven multiplicados en diversas áreas de la vida.

Así que si te sientes desconectada de tu deseo, no empieces preguntándote “¿qué me pasa?”. Tal vez la pregunta más compasiva sea: ¿qué tan agotada estoy? Y ¿cómo puedo empezar a cuidar de mí para volver a sentirme viva en mi cuerpo?

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