Por Mayra Aidee Pérez Ambriz

La sexualidad humana hoy, se enfrenta al desafío de lidiar con la confusión y la limitación generadas por diversas voces. En este escenario, la autonomía individual y la co-construcción de vínculos se presentan como pilares fundamentales, para enfrentar cualquier intento de privar al individuo y a cada relación de su capacidad de autodeterminación y co-creación.
Ciertamente, es imperativo abordar con urgencia los daños ocasionados por estigmas, prejuicios y diversas formas de violencia, entre las cuales se incluyen la discriminación, el acoso, el abuso, la violación, la alienación, así como las nuevas modalidades de cancelación. También resulta apremiante hacer frente a los asesinatos y a la impunidad que caracteriza la exclusión social de nombres, voces y cuerpos diversos. En este contexto, es esencial enfrentar los numerosos desafíos que la sexualidad humana confronta en la actualidad, desafíos que abarcan desde la necesidad de dar voz a infancias, adolescencias, personas con discapacidades y personas adultas mayores, hasta dar a conocer el impacto de las drogas en el ámbito del erotismo, sin olvidar, la accesibilidad a servicios de salud competentes. En consecuencia, sobre todos estos desafíos, resulta ineludible emprender acciones concretas.
Es crucial destacar que dar atención a lo anterior compete a toda la población, sin excepciones. Esto engloba tanto a aquellas personas que demuestran respeto hacia la diversidad de expresiones sexuales, como a aquellos que aún no han logrado este nivel de comprensión o no han experimentado integralmente el bienestar en la esfera sexual. Asimismo, se extiende a quienes disfrutan de privilegios específicos y a quienes carecen de ellos.
Una de las claves para enfrentar estos desafíos, reside en hacer posible la capacidad de dotar a las personas con conocimientos básicos para garantizar la salud sexual, mientras comprenden sus propios cuerpos, límites, deseos y necesidades. Esto implica una comunicación empática y auténtica de opiniones, intenciones, posturas, creencias, sentimientos, deseos y expectativas, promoviendo el disfrute del goce sexual tanto a nivel individual como en los vínculos, mientras se considera positivamente a otros, respetando la expresión sexual ajena.
Considero que es imperativo trascender la fragmentación del individuo según áreas de estudio específicas e integrar una comprensión completa del funcionamiento de nuestros cuerpos. Valorar las contribuciones que cada disciplina revela para las diversas expresiones de las sexualidades, llevará a reconocer que la exploración de la sexualidad, va más allá de los cromosomas sexuales y la biología. La intersección de disciplinas como la psicología, sociología y antropología juega un papel clave en desentrañar la complejidad de la expresión sexual pues aún cuando se han logrado avances notables, la sociedad tiene que saber que aún estamos lejos de entender completamente la función de todos los genes en el genoma humano, por lo tanto, reducir la expresión sexual a los cromosomas es soberbio e incompleto.
En este desafío contemporáneo y a pesar de la necesidad de continuar formalizando la profesionalización de la sexología a nivel nacional e internacional, la sexualidad humana no puede seguir recetas predefinidas ni conformarse a pasos o consejos inflexibles, incluso cuando provienen de profesionales de la salud que ostentan un supuesto saber. Es un proceso complejo y en constante evolución, por tanto, la sexualidad humana hoy, debe cuidarse de crear nuevos dogmas.
Hemos sido engañados, especialmente por continuar discutiendo conceptos abstractos no necesariamente relacionados entre sí y también, por supuesto, debido a los diversos sistemas de opresión, como el patriarcado, cuyas múltiples manifestaciones son visibles, entre otras, a través del sexismo, falocentrismo, adultocentrismo, binarismo y heterocisnormatividad. Estas falsedades, junto con la perspectiva médico-centrada en la respuesta sexual humana, nos han llevado a creer en (y a crear) una realidad limitada.
El reconocimiento de que está bien cometer errores constituye un primer paso hacia la liberación de las ataduras impuestas por expectativas y normas irreales.
Es imperativo desmantelar percepciones distorsionadas que han impactado negativamente la salud sexual.
La educación emerge como un elemento crucial en este proceso. Sin embargo, es urgente una transformación que no excluya ninguna experiencia. Debemos despedirnos de la vieja escuela, aquella que tiene como estructuras al miedo, la desinformación, múltiples estigmas, mitos y falacias.
En su lugar, necesitamos integrar en diversos contextos socioculturales la inclusión y diversidad, adoptando un enfoque holístico basado en derechos y promoviendo la cultura de la paz. El uso de la tecnología e información actualizada podría enfatizar la evidencia científica, permitiendo la participación activa y la colaboración de todas las comunidades en la construcción de un entendimiento más completo y respetuoso de la sexualidad, la prueba ácida en este tenor, como cita Berg, será la simplicidad, debemos poder incluir las experiencias a modo que todo mundo pueda entender y acercarse a un conocimiento integral.
Es momento de continuar cuestionando lo inculcado y renunciar a dogmas y paradigmas que impiden ver al otro tal como es, poniendo especial énfasis en el examen crítico de las actitudes. Al dejar de lado las disputas por la razón entre diversos profesionales y escuelas, la sexualidad humana hoy, tiene el deber de integrar todo el conocimiento disponible para adentrarnos en una exploración más profunda, donde la investigación y la comprensión mutua se convierten en la base de una sexualidad humana más auténtica y libre.
La sexualidad humana contemporánea requiere individuos que acepten la realidad tal como es, validen la perspectiva del otro, respeten, acompañen y escuchen de manera abierta. Construir diálogos reflexivos que lleven a cabo acciones concretas, aceptar y reconocer emociones, límites, capacidades, habilidades y herramientas de afrontamiento, son esenciales. Ceder espacios desde los privilegios, preguntar desde una curiosidad ética y evitar imponer lógicas o perspectivas únicas, son actitudes que promueven el reconocimiento de que nadie posee un conocimiento absoluto. En este camino, no debemos pasar por alto que cada individuo, como dueño de sí mismo, se esfuerza por descubrir cómo vivir de manera más plena.
Es crucial mantener la disposición a formular preguntas, y, sobre todo, recordar que la sexualidad no tendría por qué banalizarse hasta convertirse en simplemente un negocio que satisface necesidades.
