Por Fernando Plasencia

Píbuli era un pezón, era el pezón de una chica colombiana de 27 años. Era un pezón rosa, pequeño, que solía endurecerse cuando la chica a la que pertenecía estaba sexualmente excitada, aunque hacía algo de tiempo que eso no sucedía. Píbuli se consideraba un pezón bonito, o al menos cabía dentro del actual estándar de belleza aplicado a esa parte de los cuerpos de las personas con vulva. Sabía que incluso su dueña se sentía orgullosa de él: a menudo dejaba de utilizar sostén para sentirse más libre y para que ¿Por qué no? Píbuli resaltara generando un relieve en la tela de la blusa y atrajera algunas miradas de los chicos que le gustaban.

A Píbuli le gustaba ser admirado, tocado, lamido; incluso, de vez en cuando le daba la bienvenida a uno que otro mordisco si la situación lo ameritaba y había muy buena estimulación, pero eso ya no estaba ocurriendo tanto últimamente y Píbuli se sentía triste, desatendido, además, la chica a la que pertenecía, últimamente lo ocultaba. A veces ni siquiera ella lo miraba, se había peleado con los espejos y usaba ropa oversize escudándose en alguna moda actual, pero lo cierto es que Píbuli notaba que a ella ya no le gustaba su cuerpo y el pobre pezón se sentía confundido, pero, sobre todo, se sentía solitario, y es que, desde hace tres semanas, la vista que tenía si giraba su vista hacia la derecha había cambiado mucho. A su chica le habían diagnosticado cáncer hacía algunos meses, cáncer de mama como a su mamá, como a una de sus tías y como a su abuela, quien, por cierto, había muerto recientemente, a sus 75 años por eso.

A su mamá y a su tía les había ido mejor, ellas recibieron algo de radioterapia tras un diagnóstico temprano y ahora solo tomaban medicamento para mantener todo bajo control, pero a ella le había tocado algo más feo, cuando se detectó el cáncer, la oncóloga a cargo determinó que se tenía que someter a quimioterapia y se tenía que realizar una mastectomía a la brevedad posible.

La chica pensó en ese momento que quedarse sin un seno no sería algo tan grave para su madre de 54 años y menos para su tía, cinco años mayor, que además era una mujer divorciada, pero para ella, aparte del miedo que le daba el cáncer que casi veía como sinónimo de muerte, ir perdiendo poco a poco el cabello, lo agotado que era el tratamiento y sobre todo ver su imagen desnuda luego de la extirpación de su seno derecho no le generaban tantas ganas de vivir.

Había dejado de ir a trabajar, casi no quería salir de su casa y rara vez contestaba algún mensaje. Casi se había decidido a desinstalar instagram de su teléfono cuando Píbuli alcanzó a ver un anuncio sobre una convención de Partes del Cuerpo Sexuales o Sexualizadas Inconformes con su Erotismo o Carencia de Este (PCSSIECE). Lo primero que Píbuli pensó fue que era un nombre sumamente complicado, pero posteriormente creyó que no sería mala idea asistir, así que emprendió el viaje de casi nueve horas para asistir a la convención en Bogotá.

En el camino, a Píbuli le tocó compartir asiento con Roani, una vulva de una chica mexicana que también se dirigía a la convención; de hecho, cuando Roani notó que Píbuli había sacado de su mochila una hoja con un código QR y algunos datos sobre la convención, se animó a preguntarle si también asistiría al evento para luego confesar que ella también iba para allá. Luego de dos o tres preguntas para romper el hielo en las que Roani le explicó que era la primera vez que estaba en Colombia y Píbuli la actualizó sobre el clima y algunas otras cuestiones básicas para turistas extranjeras, por fin Roani se atrevió a preguntarle a Píbuli con qué cosa se sentía insatisfecho.

Una vez que el pezón terminó de contarle su historia, Roani le mencionó que sentía lo que estaba sucediendo en la vida de Píbuli desde hace tiempo, le dijo que pensaba que era normal sentirse así de triste y solo considerando todo lo que había pasado y que no estaba chido que el disfrute de su sexualidad también se estuviera viendo afectado por todo ello; le comentó que hay algo llamado derechos sexuales y reproductivos, que en ellos se menciona que toda persona tiene derecho a disfrutar de su sexualidad y a tener la mejor salud sexual posible, le dijo que en su hospital, idealmente le deberían haber dado también un acompañamiento y educación en temáticas de sexualidad y que si quería hablar sobre ello, podía contar con ella.

Roani era una vulva que hacía parte del cuerpo de una chica bastante informada, por un lado, porque estudiaba enfermería en su universidad en México y por otro lado, debido a que algunas inquietudes con su propia sexualidad la habían llevado a buscar informarse más a fondo con algunos de sus docentes y en fuentes de información confiable que ellos mismos le habían recomendado. -Gracias por escucharme y por ofrecerme tu ayuda. -Dijo Píbuli. -No hay de qué agradecer, con gusto lo hago. -Contestó Roani. – Oye y, si se puede saber ¿Cuál es tu inconformidad o por qué vas tú a la convención? -Bueno, es que yo, creo que además de inconforme, estoy algo confundida. Bueno, bastante confundida. Mira, lo que pasa es que yo soy de un pueblo pequeñito en México y en mi pueblo las personas son muy conservadoras y muy cerradas a hablar de cualquier cosa que tenga que ver con el erotismo.

La religión está muy impregnada en la cultura y eso hace que las personas piensen que la sexualidad tan solo se reduce a la reproducción; en el pueblo la gente cree que no debe tener relaciones sexuales antes del matrimonio, sobre todo si eres mujer y que ya después de eso, si uno las tiene es para tener los hijos que mande Dios.

Mi mamá es súper religiosa y me estuvo cuidando tanto de lo que ella dice que es “caer en el pecado” que me tardé muchísimo tiempo en perder mi virginidad, bueno, más bien en tener mi primera vez, ya estoy peleada con la expresión esa de perder la virginidad. -Te entiendo. Es que en muchas ocasiones las creencias de las personas refuerzan el machismo y también hacen que uno no pueda aprender cosas sobre su propia sexualidad y lo peor es que luego eso se vuelve contraproducente ¿No crees?

-Sí, totalmente, pero bueno, la cosa es que yo sí tenía muchas ganas de tener mi primera vez y eso era algo de lo que me motivaba a irme del pueblo para estudiar en la universidad que queda en la capital. Pensaba que allá tendría más libertad para experimentar eso y la verdad es que tuve razón, pero creo que realmente no he disfrutado del todo de ninguno de mis intercambios eróticos con otras personas. -Bueno, pero eso ha de ser porque los chicos con los que has estado no te lo saben hacer bien, pero seguro puedes encontrar uno bueno o incluso enseñarle cómo te gusta que se hagan las cosas.

-Claro, las personas tienen derecho también a decirles a las personas con las que comparten su sexualidad cómo les gusta ser tocadas, besadas, etc., pero bueno, sucede que no he estado solo con chicos, sino también con chicas. -Dijo Roani mientras se sonrojaba un poco.

-Oye, pero no tienes por qué avergonzarte. -Replicó Píbuli- Más bien perdóname por asumir que te gustaba intercambiar con penes y esas cosas de chicos. Es que, este mundo heteronormado en el que vivimos, tú sabes… -No te preocupes, entiendo, la verdad es que la chica a la que pertenezco se siente atraída tanto por hombres como por mujeres, al menos físicamente hablando. -Ya veo, entonces es bisexual. -Más o menos, no sé, es que, mira, físicamente sí hay atracción, pero realmente nunca ha habido un enamoramiento o algo que vaya más allá de la atracción física.

-Bueno, pues eso no está chimba, pero igual si físicamente si te atrae, de menos eso sí lo puedes disfrutar tú ¿No? -Yo eso pensaba, pero la verdad es que cada vez me motiva menos el estar con alguien porque sé que de todas maneras no voy a sentir nada más que solo la estimulación física que además solo dura un ratito y ya. Luego, creo que el pensar así hace que tenga aún menos disposición, entonces ya ni siquiera lubrico tanto, mi clítoris no logra erectarse mucho que digamos y termino perdiendo el interés. ¿Sabes? quisiera estar con alguien que no solo me haga sentir a mí, sino también a otras partes de mi cuerpo, es decir que también exista amor, si no, no me interesa nada más. -Claro, es que la sexualidad no solo es lo reproductivo y el erotismo, también son los vínculos afectivos ¿Cierto? Oye, pero entonces te estás volviendo asexual ¿No? -Preguntó Píbuli confundido.

-No, eso es otra cosa, creo que lo mío se llama… -¡Demisexual! -Dijo una voz ronca y masculina desde la fila de asientos de adelante. Píbuli y Roani se voltearon a ver preguntándose quién había dicho eso mientras se sentían tanto con vergüenza como con enojo porque alguien se había entrometido en su plática.

-¿Quién dijo eso? -Preguntó Píbuli tomando la iniciativa.

-Fuí yo, perdón. -Contestó un pene asomándose apenas por encima del respaldo del asiento de adelante. -No quise interrumpir, lo que pasa es que venía dormido cuando empecé a escuchar su conversación y me interesó porque justo yo también voy a la convención, entonces me desperté para poder escucharlas, noté que tenían una duda y solo quise ayudar. -Pues nadie pidió tu opinión ni una explicación ni nada de ti, además no te ves muy levantado ni despierto que digamos, casi ni te alcanzamos a ver. -Dijo Píbuli pícaramente para rematar su comentario descalificador y dejarle claro al pene que él no era bienvenido a la plática.

-¡Mira, tampoco tienes por qué hacer ese tipo de comentarios, eh! -Dijo el pene muy molesto mientras regresaba a ocultarse tras el asiento. -Bueno, ya, perdón, creo que me pasé con ese comentario, pero tú como pene, mejor que nadie debería saber que si uno se va a meter en cosas ajenas, debe ser con consentimiento.

-Sí, pero ya pedí perdón, yo no quería molestar, además, mi intención era nada más ver si podíamos acompañarnos rumbo a la convención. También es mi primera vez en el país y no quiero estar solo, además soy algo tímido, me costó trabajo animarme a hablarles, pero he escuchado que puede ser inseguro andar solo por ahí.

-Mira nadamás, un pene con inseguridades que quiere meterse en cosas ajenas sin consentimiento. Muy típico me parece ¿Cuál es tu signo zodiacal, por cierto? -Ya no lo molestes. -Dijo Roani. -No creo que haya tenido intención de ser inoportuno y además, creo que estamos cayendo en estereotipos, lo cual tampoco está padre o chimba, dices tú. -Justo eso es en lo que estaba pensando y por lo que decidí ir a la famosa convención de partes inconformes o como se llame, por los malditos estereotipos -Dijo el pene frustrado mientras intentaba tranquilizarse.

– ¿Pero por qué, a ti qué te pasa? -Preguntó Píbuli, ya con más amabilidad ya que, al ser pezón, intentaba evitar los roces. – ¿Ahora sí quieres hablar conmigo, verdad? -Contestó molesto. -Solo si tú quieres. -Se adelantó en responder Roani, para bajar la tensión. -Está bien, les cuento: yo soy el pene de un chico de padre cubano y madre estadounidense con ascendencia puertorriqueña, pero la gente dice que soy afroamericano por mi color de piel y por haber nacido en Estados Unidos. Mi persona es el capitán del equipo de básquetbol de la Universidad de California, estamos ahí por una beca deportiva que tiene. Es de las personas más populares en la escuela, le hacen entrevistas, asiste a las mejores fiestas, le gusta a las chicas más atractivas la universidad, pero cuando las cosas parecen avanzar y parece que podremos tener relaciones sexuales con alguien, bueno, mírenme, las chicas parecen decepcionarse. Al parecer piensan que mi tamaño no es suficiente o que contrasta demasiado con el cuerpo grande, atlético y musculoso al que pertenezco, además, por mi color de piel esperan… no sé, otra cosa.

Yo sé que puedo brindar suficiente placer a mi persona y ayudar a las chicas con las que él está a tener suficiente placer también, pero es difícil ¿Saben? A veces hacen comentarios respecto a mi tamaño, no pueden ocultar su cara de sorpresa y decepción. Incluso cuando una chica parece estar disfrutando cuando estoy dentro suyo haciendo mi mejor esfuerzo ya no sé si está fingiendo. El otro día, una chica, al estar a punto de meterse a la cama con mi persona, se excusó diciendo que era demisexual, que necesitaba sentir una conexión emocional con alguien para poder tener relaciones sexuales con esa persona y luego se largó, por eso me enteré de qué significa la palabra demisexual.

La verdad, me siento muy inseguro y… El pene hizo una pausa larga mientras parecía no haber decidido aún si continuaba o no cuando Píbuli le dijo que todo estaba bien, que no tenía que continuar si no quería, pero el continuó hablando. -Es que, un pene pequeño que además tiene problemas para lograr una erección no es algo muy atractivo ¿Saben? pero hay muchísimos pensamientos pasando por la mente de la persona a la que pertenezco al mismo tiempo… él está creyendo desde antes de que pase cualquier cosa que me van a ver y se van a burlar de mí. -Bueno, pero eso no va a pasar ¿Cierto? -Dijo Roani intentando animar un poco a su nuevo compañero de viaje.

-En los baños de los vestidores del equipo de basquetbol alguien escribió que si yo no era “team carne” ni tampoco “team sangre” que el único “team” al que pertenecía era el de básquet. La gente está hablando de eso y, ¡Mierda, yo creo que el tamaño sí importa, todo el mundo lo cree! -Bueno, si de algo sirve, yo no pienso así, creo que hay cosas mucho más importantes. – Mencionó Roani. -Valen más los sentimientos que los centímetros. -Agregó Píbuli sin pensarlo mucho y las tres partes del cuerpo se echaron a reír. Solo transcurrieron un par de horas más y ya se encontraban a las puertas del edificio en el que se llevaría a cabo el evento.

A la entrada, un muñón de brazo que solo tenía desarrollados dos dedos y que pertenecía a un sujeto que estaba inconforme porque no podía masturbarse a sí mismo mientras masturbaba a su pareja, les informó que estaban llegando un poco tarde y que, para su mala suerte, el conferencista magistral, un pene de un hombre maduro con diagnóstico de eyaculación precoz, había terminado demasiado rápido con su ponencia, pero mientras podían recoger su paquete de bienvenida para acreditar que se habían registrado a la Tercera Convención de Partes del Cuerpo Sexuales o Sexualizadas Inconformes con su Erotismo o Carencia de Este (PCSSIECE). Fulton, el pene, aprovechó para comentar lo difícil de recordar que era el nombre completo de la convención y lo complicado que era pronunciar sus siglas. -Es cierto. -Dijo Roani.

-Pero en mi intento por comprender sobre sexualidad he aprendido que, aunque cueste trabajo, hay que nombrar las cosas para que estas puedan existir y que todo lo que existe merece ser nombrado y reconocido, aunque cada quien tiene su propia forma de vivir y de vivirse en su sexualidad. A mí misma no me queda tan claro todavía que es lo que soy y de pronto he sentido que no encuentro mi lugar entre las letras del LGBTTTIQ+, pero por lo mismo, creo que es muy bueno que existan espacios como esta convención, para hablar del tema, para visibilizar las existencias, para hablar de las inconformidades. – Y para ver si se vota por otro nombre para el evento ¿No? -Bromeó Píbuli, recordando que antes era bastante extrovertido-.

Pues yo voy a ver si me encuentro por aquí a alguna boca cuya inconformidad sea que los cuerpos de las mujeres vienen con un pezón de más o algo así. Fulton y Roani quisieron contener la risa, pero el chiste les parecía tan inapropiado como hilarante. Así surgió un nuevo grupo de amistades que entendieron que, dentro de la sexualidad, la diversidad es un punto en común y que lo que puede provocar sufrimiento por momentos, después puede ser solucionado siempre y cuando se hable, se valide, se visibilice y se acompañe apropiadamente; porque se puede y porque es un derecho de todas las personas independientemente de su género, sexo, orientación sexogenérica, afectos, edad, posición socioeconómica, etnia o cualquier otra cosa que las distinga.