De la pasión fugaz al vínculo que perdure
Por Adriana Reinking
Al inicio de cualquier relación todo parece nuevo. Cuando dos personas, además, se atraen sexualmente, la intensidad se dispara. Esa persona, que te parece tan especial, ocupa tu mente día y noche; sientes la urgencia de verla, tocarla, escuchar su voz. Cuando la tienes cerca, tu piel se eriza, tu corazón late más rápido, tu cuerpo vibra. Todo parece perfecto. Pero con el tiempo, esa intensidad disminuye: nuestro cerebro no puede sostener eternamente el estado de euforia.
Con el paso del tiempo la relación empieza a sentirse más tranquila, estable y predecible. Y ahí es donde muchas personas se asustan:
“¿Será que ya no le amo? ¿Es que algo se rompió? ¿Estoy con la persona equivocada?”
Si además, en esa etapa de dudas aparece alguien nuevo —en el trabajo, entre amistades o en redes—, vuelven de golpe las mariposas y los fuegos artificiales. El cerebro se ve afectado otra vez por el enamoramiento: la adrenalina, la dopamina, la serotonina, el cosquilleo. Y la confusión nace de la creencia de que eso “no debería estar pasando”, aunque de hecho está sucediendo. Así surge el caos emocional y muchas veces, el secreto de una relación prohibida.

Empiezan entonces las comparaciones, que duelen:
“Aquí sí siento lo que ya no siento en casa. Pero, ¿qué pasa con todo lo invertido? Con mi pareja todo es predecible, esta persona me hace sentir llena de vida. Con ella no discuto tanto; me escucha, me entiende, entre nosotros hay más atracción, ilusión y deseo”.
Esa confusión, sumada a la falta de valentía para hablarlo, lleva a muchas personas a traicionar el acuerdo de exclusividad con su pareja.
Lo que es difícil de comprender es que la chispa de la nueva relación no significa “más amor”, sino simplemente, que la fase inicial del enamoramiento se está repitiendo con otra persona… y olvidamos que ese estado de emociones intensas, tarde o temprano, termina.
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El gran desafío en esa etapa es cuestionar nuestras certezas… y no confundirnos creyendo que la pasión es amor… o que sentir deseo es amar.
Si tu objetivo es sostener una relación a largo plazo, no la fundamentes solo en el deseo sexual: es demasiado frágil. Aprende a disfrutar también de ese amor más calmado, que se alimenta de confianza, complicidad, compasión, individualidad y de la paz de saber que tienes un refugio emocional donde descansar. Amar implica una decisión consciente, que se mantiene incluso cuando se apaga la euforia inicial.
La pasión, entendida como ese deseo ardiente y urgente por la otra persona, no es tranquila: tiene fuego, intensidad y a veces, descontrol… que afortunadamente se acaba o se transforma. Hay personas que con curiosidad, juego y apertura, logran que el deseo reaparezca en formas nuevas, diferentes, pero más profundas que el simple cosquilleo inicial.
La infidelidad rara vez nace de la falta de amor, sino casi siempre de la falta de valentía: de no querer arriesgar la relación con la persona que se ama a causa de un enamoramiento pasajero.
En muchas parejas, cuando la pasión disminuye, la reacción común es ver la situación como un problema “a resolver”: buscan terapia, manuales, consejos, trucos. Pero el deseo no obedece a la voluntad ni al esfuerzo: no hay un botón de encendido o apagado, o para controlarlo a conveniencia. A veces, el deseo simplemente surge inesperadamente en el encuentro con alguien nuevo o con una experiencia que nos mueve profundamente.
Aquí está el punto crucial: no es el deseo lo que destruye las relaciones, sino la forma en que lo interpretamos y lo manejamos.
Por eso, el enamoramiento fuera de la pareja suele vivirse como una amenaza, traición o ruptura. Pero quienes logran reconocerlo sin negar que siguen amando a su pareja, pueden transformar ese deseo y convertirlo en un recurso que nutra la relación en vez de destruirla.
En otras palabras: el deseo sexual expresa la necesidad de tener. El amor, en cambio, se muestra en desear el bienestar del otro, incluso si no eres tú quien provoca su alegría.
Entonces, lo importante es qué hacer con el deseo sexual cuando no lo dispara tu pareja, pues si lo ocultas, se convierte en engaño y en culpa. Pero, si lo reconoces y abres un diálogo amoroso con tu pareja para compartir lo que amar, confiar y crecer juntos, significa para cada uno de ustedes, quizá descubran que el deseo puede dejar de ser un requisito o una amenaza y se vuelva solo una parte más del camino que recorren juntos.
Para quienes sufrieron una infidelidad, esta mirada puede ser transformadora: en lugar de quedarse atrapados en la herida, pueden cuestionar sus creencias sobre el amor y preguntarse si éste realmente se mide por la exclusividad, o si puede vivirse de otras formas; y darse cuenta que incluso una experiencia dolorosa puede convertirse en oportunidad de crecimiento, para aprender a amar de maneras más amplias y libres, distintas de lo que nos enseñaron.
El amor no se rompe porque aparezca el deseo hacia otra persona: se rompe por la rigidez de nuestras creencias sobre lo que “debería” ser amar.
Cuestiona las creencias que te mantienen en una relación que no es amorosa; si la infidelidad es el fin o el inicio de algo y descubre herramientas para comunicarte mejor con tu pareja, adquiriendo el paquete de 3 webinars “CÓMO HACER MÁS AMOROSA MI RELACIÓN DE PAREJA”.
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«Cuando cambiamos la mirada, descubrimos que AMAR es mucho más que estar enamorados y que el amor puede expresarse de muchas formas», Adriana Reinking.
