Por Javier Noyola

En nuestra sociedad, tendemos a limitar el concepto de sexualidad exclusivamente a las relaciones sexuales. Sin embargo, la sexualidad es mucho más que éso. Está relacionada con el placer en los cinco sentidos, ya sea en la intimidad o en nuestra vida cotidiana, con la capacidad de ampliar nuestras experiencias y sensaciones, así como en imaginar y fantasear. En estas líneas, exploraremos cómo nuestras restricciones y estándares limitan nuestra percepción de la sexualidad, impidiéndonos disfrutar plenamente de todo lo que nos puede ofrecer.

Siglo XXI, atrapados aún en creencias e ideas sobre la sexualidad

La sexualidad va más allá de las relaciones sexuales. Se trata de una dimensión integral y natural de la experiencia humana, de potenciar nuestros sentidos, donde muchas de las veces los hombres estamos más limitados que las mujeres debido a las cuestiones de los roles sociales, ésto lo explica con mucha claridad la autora Fina Sanz en su libro Psicoerotismo masculino y femenino, donde señala que las mujeres desarrollan una mayor sensibilidad de sus sentidos con el desarrollo de actividades cotidianas. Por ejemplo, al cocinar, están en contacto con sabores, texturas, olores, y cuando cosen, lavan o planchan igualmente están vinculadas a la percepción de los sentidos.

Asimismo, las mujeres, al cuidar a los hijos o hijas potencializan las formas en cómo su cuerpo recibe las señales del entorno, situación que para los hombres es menos común, por lo cual podríamos concluir que la estimulación en la sensibilidad de los sentidos mantiene un vínculo con el desarrollo del mapa erótico individual y su susceptibilidad de ser ampliado.

En un mundo en constante evolución, nos hemos adaptado a nuevas tecnologías y conocimientos científicos, pero no necesariamente hemos hecho lo mismo en términos de creencias e ideas. En ocasiones, seguimos arraigados a una mentalidad tradicional y conservadora que nos impide explorar nuevos aspectos de la manera en cómo nos relacionamos y vinculamos con otros, así como con nosotros mismos, por ejemplo la soltería, la cual bien puede ser una elección libre muchas veces es vista como incapacidad de relacionarse, el ser egoísta, no existoso, incluso, hasta llega a ser un requisito para ser presidente de un país.  Tememos ser diferentes y salirnos de los parámetros establecidos culturalmente, así perdemos la oportunidad de experimentar la libertad que nos brinda la exploración de nuestra sexualidad.