Por María Elena Zúñiga
Las nuevas masculinidades o masculinidades diversas hablan de la deconstrucción de la masculinidad hegemónica derivada del patriarcado en el que el hombre es el que tiene el poder o el dominio, y en contraparte las mujeres no saben y no pueden. Este proceso viene de tiempo atrás.
Claramente comenzó a cristalizar desde la revolución sexual y feminista y continúa avanzando. Gracias a las luchas feministas se busca romper dichas estructuras, dice Lina Pérez Cerqueda, psicóloga y terapeuta sexual.
Los hombres viven en el engaño de tener privilegios por el simple hecho de ser hombres. Desde pequeños aprenden que las mujeres los tienen que atender. Luego entonces, ¿quién se quiere mover de sus privilegios? “Ellos caen seducidos creyendo que los tienen y no son conscientes de los costos por pagar”.
En el proceso de las nuevas masculinidades se busca que los hombres se den cuenta de las consecuencias de tener que ser violentos, fuertes y detentar el poder todo el tiempo. Las cifras hablan que el mayor número de personas muertas son hombres en actos de agresiones entre su mismo sexo. “Por claudicar a esas enseñanzas y no atreverse a deconstruir y estar supeditados a lo que estipula el patriarcado para ellos”, señala la experta.
En la década de los noventas, se registró otro adelanto en el cual los mismos hombres empezaron a revisar el significado de la masculinidad que implica ser de cierta forma (proveedor, fuerte, dominante, e infalible todo el tiempo), y de ahí se comenzó a impulsar un cambio en las generaciones siguientes.
Sin embargo, la experta apunta, que estas transformaciones aún no llegan a las políticas públicas. “Se requieren campañas para reconstruir el concepto de ser hombre, ya que existen muchos aprendizajes culturales e igualmente las mujeres requieren cambiar sus narrativas sobre el sexo opuesto”.
Pérez Cerqueda indica que en sí a los hombres les conviene que se reconozca que en una relación son dos personas y no una a cargo de la otra.
La especialista dice que se pueden construir nuevas formas que hagan la convivencia en paz y con bienestar. “Se trata de construir nuevas narrativas de la manera en cómo los hombres conciben lo que es ser hombre y cómo las mujeres conciben a los hombres, ya que el machismo abarca a hombres y mujeres”.
En resumen, se trata de edificar nuevas construcciones que sean benéficas, de comodidad y amor para sí mismos. No caer en cánones impuestos donde un hombre y una mujer deben ser de cierta manera, sino de tener la libertad de plasmar las personas que son.
Es importante que cada uno de nosotros (desde la casa) vaya descubriendo sus habilidades y las que quiere desarrollar, así como contactar con las emociones y trabajar en equidad. “No promover las relaciones de poder”.
La asignación de tareas por sexo, no es correcta, éstas deben ser de acuerdo a las habilidades, gustos e intereses de cada quien. “Un hombre y una mujer pueden cocinar sin importar el género”.
Un pequeño avance en la actualidad es que los nuevos libros de texto de nivel básico, ya no se plantea la hegemonía del sexo masculino, sino la diversidad. Y también en su contenido varía la idea de que la mujer es rosa y el hombre azul, y lo que ello significa, “ambos pueden realizar las mismas actividades”.
